Entrevista a Ana Prada

Para comenzar, ¿qué se transformó en vos del "soy sola y del alma buena" de tu primer disco al "soy pecadora, los santitos huyen de mi agenda" del segundo?

Ana Prada: Mirá, siempre digo que me pasaron muchas cosas, que esto y que lo otro, pero en realidad nunca fui ni una cosa ni la otra, o las dos cosas juntas. Siempre fui pecadora y siempre fui sola, porque solos somos todos, se trata de una expresión que apela a ese sentido del ser, no el de estar, sino el del ser, que tenemos la suerte en nuestro idioma español de poder diferenciar con esas dos palabras. Entonces, tiene que ver con un ser más existencialista que de soledad o de amor. De hecho, creo que era mucho más pecadora durante el disco “Soy sola” que en “Soy pecadora”, que me portaba re bien. Porque entre otras cosas crecí, maduré, ya el cuerpo no me da para algunas cosas; las dos cosas estuvieron siempre juntas. Como proceso positivo, tiene que ver más que nada con la seguridad en uno mismo. “Soy sola” es un disco más tímido, no en el resultado final, no estoy hablando de cómo suena en la oreja de la gente, sino desde cómo yo lo viví. Yo estaba aprendiendo a componer -aunque no sé si eso se aprende o no-, eran mis primeros pasos en eso junto con Carlos Casacuberta, que es el productor del disco; fuimos haciendo un trabajo super lindo en eso de buscar. Él encontró ahí una punta, un hilo, una madeja, y empezó a tironear. Confió en mí antes que yo. Es un disco donde yo estoy como diciendo “upa, ¿esto qué es?”, y me contactó con emociones con las que nunca me había contactado antes, nunca antes había terminado canciones llorando, una puertita se abrió ahí… Es divino componer una canción, te da una adrenalina…, estás re feliz, re loca, salís a la calle diciendo “¡guau, qué bueno!, estás re contenta y no sabés por qué. O seguís con eso en la cabeza, y la rima, y la música y todo te da tanta vuelta, y al mismo tiempo movés unas estanterías que te generan unos dolores… eso también es duro. A veces cuesta ponerse a trabajar en eso, y al mismo tiempo es precioso. Pero siempre estuvieron conviviendo los dos. Es verdad, desde el punto de vista de la “realidad”, entre un disco y otro me pasaron muchas cosas concretas, como separaciones -eso te hace crecer-, viajes, conocer otras gentes, otras músicas, tocar para públicos… De repente estaba tocando mis canciones en Estocolmo, donde nadie hablaba español, en Dinamarca, anduve por muchos lados, eso también te abre la cabeza. Y también me cambió la vida en el sentido de que ahora me dedico sólo a mi música. Yo hasta “Soy sola”, además de que soy psicóloga pero nunca ejercí, daba clases de canto, tenía talleres de canto colectivo, hacía un montón de cosas para sobrevivir que estaban buenísimas también y que a veces extraño mucho, pero “Soy sola” me abrió las puertas, porque fue bien recibido, simplemente por eso, porque a la gente le gustó, a la prensa le gustó y empecé a trabajar, y a trabajar cada vez más. Y entonces tuve que dejar las clases y llegó un momento donde dije “mmm, ¿dónde me metí? ¿me la juego o no me la juego?” Eso también habla de la decisión y de la valentía de uno al tomar ese camino o no tomarlo. Hay mucha gente que dice “no, ni loca”, yo dije “bueno, no tengo hijos, de hambre no me voy a morir, tengo familia, tengo amigos”, y ya estaba empezando a trabajar muy bien. En ese momento, cuando empecé con “Soy sola”, empecé con Elvira Rovira, co-autora de muchos temas, que fue con quien pagamos el disco, el precio del disco era muy caro. Y las primeras producciones, las primeras prensas, las hicimos junto con Los Años Luz, el sello que sacó “Soy sola” y “Soy pecadora”, que siempre estuvieron… Yo no había terminado mi primer disco y ya querían sacar el segundo. Me dijeron que sí, que me lo editaban, “pero mirá que todavía te falta escuchar siete canciones más”, “¡no! ¡igual! Que estas siete nos gustan!”. O sea, tuve mucha ayuda de gente muy querida, y luego empecé a trabajar más profesionalmente con la agencia Glamity. Y bueno, la vida sigue y quien te marca realmente el camino y la continuidad y quien es tu patrón, si hablamos de trabajo, es el público, ¿no? Si la gente no te viene a ver y no compra tus discos por más que le gusten tus canciones, no tenés nada que hacer. Tenés mucho que hacer, podrás tocar en tu casa y ser feliz y todo, pero digo, desde el punto de vista laboral, es difícil. A mí no me molestaría tampoco dar clases de canto y saber que ahí es donde genero un sueldo y cantar y punto, pero por suerte, y espero que siga así, en ese proyecto, en ese camino, no puedo tener continuidad, porque estoy viajando constantemente y estoy aprendiendo a vivir de una manera nueva, que es esta que es como estar todo el tiempo con una valija hecha, a medio hacer, lavo la mitad de la ropa y la vuelvo a poner.

¿Cómo es tu relación con la música? ¿Cómo te descubriste a vos en esto de “quiero ser música” o “quiero hacer música”?

De muy chiquita, en mi casa siempre hubo instrumentos. Mi padre siempre fue y es un tipo muy cantor; es ingeniero agrónomo, no es profesional de la música, pero hay una cosa muy importante: yo tengo 40 años, nací en el ’71, y en aquella época tener un tocadiscos era prácticamente un lujo. Nosotros tuvimos varios abuelos que habían tenido mucho dinero; yo no llegué a disfrutar de ese dinero -ya se lo habían fumado antes (risas)- pero heredamos, entre otras cosas, entre sillones franceses de terciopelo y pluma, un tocadiscos Telefunken, valvular, espectacular. Mi papá le había puesto todos los parlantes en nuestra casa de Paysandú, que es un rancho de techo de quincho. O sea, una casa de pared, pero de esos que son quinchos. Entonces, ya éramos raros, imagínate, Paysandú, años ’70, unos hippies en medio de un rancho, se levantaban los techos del rancho con los parlantes que había instalado, y no sabés qué bien sonaba porque la acústica de la paja es maravillosa. Tocadiscos dentro del cual para mí vivía María Elena Walsh, estaba absolutamente convencida de eso, y pasaba horas mirando porque yo sabía…. Porque viste que las cosas valvulares son como una pequeña ciudadcita, extraterrestre, pasaba horas, no había quién me sacara porque yo estaba segura de que en algún momento iba a tener que salir a hacer algún mandado o algo (risas) ¡La quería ver, la quería ver! Y por ahí pasó desde Henry Mancini con La Pantera Rosa, Chico Buarque, Atahualpa, Amparo Ochoa, folklore latinoamericano del que sea, y después lo que se podía, porque vino la dictadura y hubo montones de discos que tuvimos que tirar y quemar y desaparecer. Viglietti y todo eso era prohibidísimo. Hasta me acuerdo que una vez nos llevó nuestro hermano un disco de la negra Sosa, ese en el que está dibujada ella en la tapa como en la tierra (“Mercedes Sosa en Argentina”). Creo que quedó transparente de lo que lo gasté, y esas son mis influencias musicales también, ¿no?

Y en relación a eso, ¿cómo trabajaste para encontrar tus propios sonidos?

Ah, me divagué con el tocadiscos, pero mi padre tocaba la guitarra y nos hacía cantar desde muy chiquitas. Y grabamos un cassette, cuando ya era la era del pasacassette, y era como si entrásemos al estudio a grabar, que era nuestro cuarto. Y existe, hasta el día de hoy, ese disco en el que cantamos las tres hermanas: Mariana, que es la mayor; Ana, que soy yo, la del medio; y Margarita, la más chica, que era tan chica que a veces se escuchaba un balbuceo. Eso fue durante tres años más o menos, desde los tres hasta los seis, estuvimos en ese proceso del “grabando” y ahí ya me puso en un lugar de artista, porque yo me sentía diferente.

¿Tus hermanas también son artistas?

No, una es médica psiquiatra infantil y la otra es maestra. Las dos cantan muy bien, pero no sé por qué yo tomé la posta… será que después papá en las reuniones me hacía cantar “la palomita blanca de los nevados” (canta) y era como el payasito de las fiestas hasta que en un momento me entró una etapa como de vergüenza absoluta y no canté más. Desde los nueve hasta los diecinueve no abrí la boca.

La adolescencia, básicamente.

Ahí está, la pre-adolescencia, la adolescencia me azonzó… Hice desaparecer ese cassette, lloraba a mares cuando lo querían poner o mostrárselo a los amigos. Me acuerdo de que era tal la sensación que me daba que me arrastraba por el piso, me venían ataques de epilepsia (risas), una cosa horrible… Hasta que con mi primo Daniel (Drexler), ahí de adolescente, en La Paloma, nos pusimos a cantar; ahí yo ya había empezado a ir a clases de guitarra, no cantaba, pero tocaba la guitarra. Y cantando un día no sé qué, haciéndole el coro a canciones de él, me dice: “vamos a armar una banda, vos te venís conmigo, a cantar conmigo de corista”, y yo: “¡ni loca!”, que ni loca. Y él es tan capricornio, tan insistente… que me convenció. Arrancamos con La Caldera, nos divertíamos mucho y fue mi primer trabajo profesional, porque cobrábamos, ¡hasta nos pagaban! Y nos quedábamos los veranos eternos tocando en La Paloma hasta marzo, y con esa plata vivíamos, cuando los padres se iban había que sobrevivir de alguna manera. Ahí empezó todo, pero mientras tanto fui estudiando… Primero Derecho, después me torcí, después Ciencias de la Comunicación, después Psicología, más para buscarme a mí misma que a los demás, te digo, y paralelamente la música, siempre con “La Caldera”, después toqué con “La Otra”, con Rubén Rada, con un montón de artistas super importantes a los que tuve el honor de acompañar y de los que pude aprender, por ejemplo, el negro Rada, que es un libro abierto. Y siempre estudiando. En casa mis padres eran profesionales, mis abuelos también, la única herencia es la educación. Mis abuelos, por parte de mi padre, eran maestros rurales que trabajaban en la Unesco. La educación me los robó, porque se fueron a trabajar a la Unesco cuando yo era muy, muy chiquita y ya casi no los veíamos, vivían en México, en Colombia, Ecuador, alfabetizando los países más pobres, con mayor índice de analfabetismo cuando en Uruguay, en los años ’50, había 0% de analfabetismo, por eso se llamó la Suiza de América, no sólo por ser una plaza financiera estable, sino por ser un país culto. Ahora no es así, ahora es igual que el resto de América Latina.

¿Cómo pensás la relación con tu propia voz? Bueno, desde los nueve hasta los diecinueve años, ¿ni la consideraste?

No, es un síntoma que debería analizar y que puede ser analizado en este momento como, por ejemplo, cuánta importancia tiene para mí mi voz que fui capaz de mutearla durante diez años.

Sí, la pensaba como densidad propia de un cuerpo…

No es algo que pasa desapercibido, evidentemente yo quería decir algo con “no decir”. Entonces, imagínate lo que fue para mí: una persona que vivía cantando no canta nunca más. Y desde el no cantar estar diciendo algo. La voz forma parte de mi lucha, y capaz que en este momento me estoy dando cuenta de esto, a través de tu pregunta. Sí, sin querer la vida me fue poniendo en este camino, sin querer conscientemente, yo no fui a una escuela de canto, danza, tap, mojo, esto o lo otro para ser cantante y no sé cuánto.

¿Y estudiaste canto, por ejemplo?

Estudié canto después de que cantaba durante muchos años, y estudié más que nada para poder dar clases, para poder tener un medio de vivir sin robarle la plata a la gente, o sea, sabiendo más o menos lo que estaba dando. Y hacía cuanto curso había para aprender a dar; y además, claro, dar clases de canto… Lo que te enseñan los alumnos no tiene nombre. A mí me tenían super agiornada, ahora soy una vieja de mierda, no sé ni lo que escucha la gente, viene Justin Bieber y yo no sé quién es. Pero me mantenían al alpiste, yo sabía pocas cosas, y además había días en que tenía ocho, diez alumnos y ejercitaba diez horas por días. Tenía un training, además de los ensayos de “La Otra” y además de todo lo vocal. Para mí la voz ahora forma parte de mí y canto como algo absolutamente natural, no pienso en cómo respiro, si no respiro, si apoyo, si no apoyo…

¿Pensás, por ejemplo, “me gusta mi voz, no me gusta”?

Me emociono con lo que digo. Sí, me gusta mi voz, me gusta, sino creo sería muy doloroso, terrible, tener que soportarse durante una hora y media o dos de show. Me gusta mi voz, sobre todo cuando suena lindo y el sonidista es un crack y te pone un lindo reverb. No considero que sea una gran voz ni que tenga la gran potencia ni el color más lindo del mundo ni nada. Creo que es una voz correcta, que se defiende, que con pocas herramientas se defiende. Algunos me dicen que tengo un timbre muy lindo, muy dulce, muy esto, muy lo otro. A mí no me desagrada, me gusta, y sobre todo me gusta escuchármela diciendo en las canciones; canciones que cuando las compuse me generaron una emoción, y cuando las canto me la vuelvo a generar, porque si no me pasa eso… Bueno, hay canciones que te ayudan más a eso, y hay otras canciones con las que cuesta más conectar, pero en un show pasa eso siempre. Hay algunas canciones con las que uno se emociona más, a veces voy y veo la lista y digo “uy, otra vez ‘Adiós’”, y arranco a cantar “Adiós”, y otra vez me erizo, y otra vez me emociono, y otra vez tengo que luchar para no quebrarme, y otra vez lo mismo. Eso creo que también es lo que genera la adrenalina y el vicio este terrible de tener que subirse a un escenario y cantar. Porque después de que uno probó la fruta prohibida, no hay vuelta atrás, es como todo.

¿Cómo dirías que la música incide en tu identidad, en tu cuerpo, tu identificación sexual?

No sé cómo es mi identificación sexual, la música no incide… Yo creo que mi cuerpo, mi identificación sexual, incide en mi música. Yo trato de cantar verdades, o por lo menos, no cantar mentiras. Tampoco uno tiene que decir todo. Pero puede tener el privilegio de callarse la boca; yo cada vez tengo menos ganas de callarme la boca, pero eso es un proceso personal que voy haciendo durante la vida. Esa es otra diferencia entre “Soy sola” y “Soy pecadora”, en “Soy pecadora” me animo a decir muchas más cosas, sin tampoco empanfletarme, ¿no? A mí me va a ver mucha gente variada, familia, niños, madres con hijos, no me interesan los ghettos de nada, me interesa la diversidad, la integración de la diversidad. Me parece que de este lado del mundo estamos tan avanzados en un montón de aspectos, por suerte… porque mirá que todavía hay lugares donde las mujeres son “propiedad” del hombre. Hemos progresado mucho y hemos luchado mucho, y han muerto muchas mujeres, y eso hay que decirlo. Por lo menos, no decir lo que uno no es; sino sería una mentirosa bárbara, tampoco podría ni emocionarme ni componer ni nada; me pongo un kiosco y ya está, soy más honesta (risas). A veces pienso, ¿por qué no me habré puesto un kiosco? Viajo, sufro, estoy cansada, y me pasan cosas, no me salen canciones, ¿por qué me metí en esto? ¿quién me mandó? Después me subo al escenario, y la gente me aplaude, me regalan cosas, me dejan dibujitos, me escriben cosas por las redes sociales, y me da una alegría bárbara. Y digo, claro, es por esto. Y después también me pasa que cuando pasa mucho tiempo que no me subo a un escenario estoy infumable, no me aguanto ni yo, me pongo re neuro. Y me pregunto ¿qué me pasa que estoy tan neurótica? Y es que me falta la adrenalina esa.

En tus canciones aparece, con bastante fuerza, el agua, el río, el mar. La imagen, quizás, emblemática es la brillantina de agua que rompe en el roquedal, y también “gota a gota se van minutos cayendo”. Hice esta relación entre agua, tiempo y canción y me pregunté: ¿cómo aparecen las palabras o cómo fluyen en vos?

A veces, fluyen a raudales. Aparecen a partir de una emoción o de una idea. Te puedo decir una idea, incluso, fotográfica. Esa brillantina de agua del río Queguay, yo cuando la escribí estaba mentalmente situada al lado del río Queguay cuando iba a pescar de chica, con una cañita, y no pescaba nada, y estaba como charlando con el río lo que después me vino a pasar en la vida. Necesito un paisaje, necesito una emoción y desde ahí pueden empezar a salir las palabras. Por ejemplo, en “Soy pecadora” hubo un hecho concreto: se me cayó una agenda donde yo juntaba estampitas. Yo soy atea, pero toda estampita que se me aparece… Atea de formato, quiero decir, no es que no crea en algo superior. Lo que pasa es que no estoy muy de acuerdo con los formatos oficiales que hay ofrecidos, tanto la musulmana como la católica o la judía; pero sí creo en algo más importante que nosotros, o que todos nosotros juntos somos algo más importante. Se me aparecían estampitas… estaba tomando un café o algo y aparecía un niñito y dejaba una estampita y yo la tenía que agarrar o comprar o lo que sea porque si no me iba a pasar algo horrible. O iba por la calle y me encontraba una estampita así, un Jesusito todo mojado en Madrid, me acuerdo que la agarré, la sequé y la guardé. Y así, cuando me quise acordar, durante años había juntado como veinte, no sé. Era una cuestión animista más que nada, yo los quería, los quiero. Y un día estaba cocinando en la casa de Elvira Rovira y gesticulé, saltó la agenda, volaron los santitos y dije ¡guau! Estábamos hablando mal de alguien… Volaron los santitos y le digo a Elvi: “¡Soy pecadora, los santitos huyen de mi agenda, mirá!”. Y ella me dice: “¡Boluda! ¡Es una frase para una canción!”. Y ahí arranqué, no paré, tiré doscientas mil ideas y, después, a la noche, agarré la guitarra, empecé a tocar y cae Queyi que estaba a la vuelta. Yo estaba cantando y Queyi me dice: “¡Joder, tía, que eres pecadora! ¡Qué son esos acordes!”. Entonces, me dio una rabia y bajé al estudio, en La Caba, y ya me había tomado unos buenos vinos y le digo: “¡¿Qué crees que soy pecadora?! ¡Poné a grabar! ¡Poné!”. Entonces, me puso a grabar y tiré toda la canción de arriba hasta el fin, o sea, existe la toma cero de “Soy pecadora” porque ya venía trabajando la idea durante el día. Y con su diferente tónica, como mucho más aguerrida, más provocadora. Esa canción inauguró un aspecto de mí un poco más rebelde, ahí empezó una parte del disco donde a mí me empezó a importar un carajo lo que pensaran los demás de mis canciones, me empezó a importar un carajo qué dirían mi mamá y mi papá, y esa pelotudez. En Uruguay los cantautores tenemos esa presión de que tenemos que componer difícil, con melodía compuesta, con acordes complicados. Y no me gusta, no me gustan esas canciones. A mí me gustan las canciones que a mí me gustan; no voy a hacer una canción que no me guste a mí misma… Así que perdí, a partir de “Soy pecadora”, un montón de prejuicios que venía cargando, y revoleé la chancleta y no me importó nada.

En “Hojas de tilo” hay una frase que me gusta mucho: “Todo lo que está naciendo es inexperto / como el gesto de mi mano que te muestra”. ¿No dirías que nacer es un gesto de amor siempre inexperto?

¡Por supuesto! Todo lo que nace es inexperto.

La otra pregunta es: ¿quizás en eso consiste “no tener soledad” cuando estrechás a alguien?

Creo que estamos hablando de cosas distintas: lo que nace es inexperto, y también estrechar a alguien para tratar de dejar de ser tú mismo y convertirse en una persona sola también es inexperto, porque es imposible, aunque en cierto modo es posible energéticamente, aunque es algo absolutamente efímero, si en algún instante de la vida uno logra esa sensación: felicitaciones, ¡repetidlo! Y en realidad esa frase surge de un gesto… Es una canción que hice para cuando nació mi sobrino Joaquín. Su padre es carpintero, un grandote que tiene las manos grandes, de descendencia rusa o checa; cuando nació Joaquín, lo sacó así recién nacido y lo colgó así tipo los zares ante toda la rusada, los checos, que lo estaban esperando afuera en la sala de partos: ¡mirá, mi hijo! Con una inexperiencia absoluta, y él mismo y Margarita me decían que no tenían ni idea, como que lo miraban y se decían ¿y ahora qué hacemos? De eso tan concreto, tan crudo y tan primitivo, cada cosa que nace, cada cosa que uno intenta es torpe. Todo. Las canciones cuando nacen, son muy torpes, y creo que terminan de pulirse recién cuando el público las hace suyas.

Yo lo pensaba también en el sentido de que ése es el encanto, uno puede decir que algo está muy bien hecho, pero que no emociona.

Es cierto. Yo creo que las canciones son re inexpertas, uno es inexperto, porque la duración verdadera de la canción es amiga del escenario, la podés ensayar cuarenta y cinco veces en tu casa pero no vas a sentir lo mismo, y te vas a equivocar en el escenario, porque necesita crecer ahí, sino… ¡es imposible! (imita a un personaje de Peter Capusotto y sus videos).

Hice o pensé una relación entre dos citas de dos canciones de tus discos: la primera es de la canción “Cada mancha de tu cuero”: “viajo dentro de mí / a trote parejo un estribo perdí / siento la razón de ser a veces el viento” y la otra es de la canción “Adiós”: “Tuve que arrastrarme como verso de canción”. Pensé en la idea del viaje, y también pensé en la idea de fluir, como el viento, como una canción. ¿Sentís la razón de ser a veces una canción?

¡Totalmente! Y cada vez más. La única razón que siento de ser canción es lo que la gente me devuelve, sino no habría ninguna razón. La razón es que alguien se emocione, es que alguien le pueda decir a otro “Mirá, escuchá esta canción, porque en realidad es lo que yo te quiero decir” o, como me pasó, que me escribieron de Viedma que una niñita de 5 meses, que nació cincomesina, estuvo no sé cuánto tiempo en la incubadora y la madre le ponía todos los días en un aparatito de música, esterilizado, “Tentempié”. Otra razón de ser canción es, por ejemplo, una vez que estaba en un show y yo veía que una muchacha preciosa me miraba la boca todo el tiempo mientras cantaba, y yo decía “¿Qué me mira tanto la boca?”; y era sorda. Esa fue de las cosas más maravillosas que me pasó en la vida, porque estaba en la primera mesa y me miraba así, era sorda total, y después cuando fue el intervalo me vinieron a saludar con su novio y me dijo: “Ella es totalmente sorda, pero le encanta tu música y te lee los labios”. Y, bueno, canté toda la segunda parte articulando mucho más. Fue otra de las cosas por las que decís: “Vale la pena hacer música”. Si la música sirve para algo, es para eso.

Volviendo a la idea del viaje, ¿qué dirías que implica un viaje dentro de vos? ¿Cómo es arrastrarse como verso de canción?

Bueno, ese verso lo hizo Queyi (se refiere a “tuve que arrastrarme como verso de canción” del tema “Adiós”). La canción la hicimos juntas, pero fue ella la que encontró esa imagen. “Arrastrarse como verso de canción”, eso es lo único que yo quería decir, estaba sufriendo tanto que… ¿Viste cuando te arrastrás por el piso llorando? Ella encontró ese sentido más poético del asunto como un verso de canción, que a su vez es una canción que tiene un verso bastante arrastrado. Y “viajo dentro de mí” es porque es una canción que la hice andando a caballo…

Pero, ¿qué implica un viaje adentro tuyo?

Es como una especie de meditación, cuando te desprendés del mundo y te concentrás en tus sensaciones internas, tus pensamientos, tus fantasías, tu vos, sin tener que estar haciéndote la nada. O sea, uno con uno mismo en una especie de disfrute porque sí, contemplar, me tiro panza arriba y miro la luna. Y andar a caballo a mí me genera eso, me genera una especie de pasión desenfrenada y maravillosa felicidad. En un momento de mi vida, estuve muy depresiva, entre los veinte y los treinta fueron años muy difíciles para mí, y creo que lo que me sacó adelante fue la posibilidad de poder ir al campo todos los fines de semana y trabajar como un peón; y andar a caballo, tomar una yegua, que se llamaba Sharon Stone, porque era rápida y mortal (risas). A su vez, Sharon Stone me dio dos caballos más, que ahora tengo, después tengo a la Celeste. Es lo que me sacó. En Montevideo no podía levantarme, eran las tres de la tarde y no quería levantarme, no quería ir a la facultad, no quería la vida, no quería el mundo, no quería nada. Y estaba en el campo a las cinco de la mañana, escuchaba llegar la tropilla y saltaba de la cama, tomaba tres mates y a las cinco y media ya estaba en el campo con los peones.
Mi idea es irme a vivir al campo, cuando alguna vez pueda comprarme algún pedacito de algo, en Uruguay, que es donde están mis ancestros, y estarán. Estarán mis padres, estarán todos los de la familia. En ese sentido, soy como los indios, me gusta quedarme cerca de donde están los espíritus.

Ya me hablaste de tus referencias musicales del pasado, ¿cuáles son tus referencias musicales de hoy?

Mis referentes hoy, son muchos. Sobre todo, y cada vez más, las cantantes latinoamericanas. Estoy investigando mucho más que antes a Violeta Parra, Amparo Ochoa, Mercedes Sosa, María Bethania y Regina. Mucha música brasilera. Sobre todo, estoy buscando a grandes divas de la música, no divas en el sentido de estas pelotudas, sino éstas que fueron consecuentes con sus pensamientos y con su vida y con su arte. Y tomándolas de ejemplo. Hoy viene a cantar conmigo Teresa Parodi, que es una de ellas (se refiere a un recital que dio en el Café Rivas), que conocía poco, y estoy conociendo cada vez más de su música y de su vida, y de lo consecuente que fue con su vida y con su obra. Y quisiera, de más mayor, poder decir que fui consecuente con lo que pienso, con lo que siento y con lo que hago. Esas son mis referentes. Después, cuando estoy en mi período de composición, trato de no escuchar mucha música para no dejarme influenciar. Sí, escucho música clásica, pero no música de cantautores. Tampoco quiero perderme de vista las cosas nuevas, lo que va surgiendo, cosas que me van mostrando mis propios músicos, que también trabajan con otra gente, muchachos jóvenes.

¿Cómo ves la situación política en Uruguay?

Mejor que nunca. Lo voté a Pepe, lo seguiré votando, cada vez que pueda. Estoy muy orgullosa de decir que soy uruguaya por primera vez en mi vida. Creo que están haciendo las cosas bien, falta muchísimo. Mujica no es un político, es un filósofo. No es ningún burro ni ningún bruto. Es un genio, está tan, pero tan más allá del bien y del mal que yo te diría que es una posición más cercana a ser un maestro zen que un presidente. No en vano estuvo todo lo que estuvo adentro de un aljibe, ¿no? Y su mujer también. Y los quiero y respeto mucho, y he tenido el honor de cantar para ellos en la asunción de las Cámaras. Se equivocarán como todo el mundo y queda enorme cantidad de cosas por hacer, pero estoy contentísima con este gobierno.

¿Y cómo ves la relación con Argentina en ese sentido?

Veo que si no nos hermanamos nosotros nos comen los de afuera, ya lo dijo Martín Fierro, ¿no? Si los hermanos se pelean, nos devoran los de afuera. Creo que Latinoamérica tiene que empezar a mirarse más todavía. Argentina está tomando medidas muy proteccionistas con la exportación, que a Uruguay nos jode bastante. Es muy poco lo que nosotros podemos incidir en el mercado argentino e, igual así, nos joroba. Las leyes del Mercosur no son las más beneficiosas para Uruguay, porque somos el que menos incidencia tiene, porque no le importa a nadie, porque no tenemos peso económico y de mercado. Pero creo que si no apelamos a la amistad y a la hermandad, estamos en el horno. Creo que entre Cristina y Pepe hay una buena relación; y ojalá se expanda por toda la región y nos demos cuenta de que los enemigos no somos nosotros; que están un poco más al Norte y un poco más allá. Estamos metidos en un capitalismo depredador; y creo que algo va a tener que pasar, porque si no todo se viene todo abajo. Se sabe, se ve y se nota que la crisis de Europa se viene para acá, pero tenemos que hermanarnos nosotros, no seamos tan estúpidos, porque les hemos seguido el juego a ellos siempre, peleándonos al pedo… No seamos tontos, América Latina es el reservorio del mundo, de todo. Desde la riqueza forestal, acuíferos, gente, culturas: ¡todo! Me enteré de que en África ahora grandes multinacionales de capitales hindúes están comprando miles y millones de hectáreas de tierra, o arrendando, ponele, ochenta dólares la hectárea durante setenta años, tres/cuatro millones de hectáreas, porque lo que va a escasear es el alimento. Entonces, las multinacionales van a ser los dueños de los alimentos, de los granos, y van a poder manipular eso también. Ojo, no seamos tarados, no vendamos a cualquiera el rico patrimonio de los orientales {emula al uruguayo Gral. José G. Artigas: "No venderé el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad" } (risas).

Y para terminar, ¿quién sos después cuando caés en la red?

Soy la misma que estoy arriba del escenario, lo que pasa es que a veces me siento un poco más vacía. No soy muy distinta de lo que se ve ahí, y tampoco tengo mucho más de lo que se ve. Las canciones que tengo casi todas son las que canto. Cuando termino un show y me tengo que ir sola a un hotel me quiero matar. Por suerte, si hay Discovery Channel me miro algún documental y ya soy feliz. Tengo mucha cultura de documental, y me gustan los libros de aventuras, me gusta cocinar, me gusta la poesía, me gusta hacer asado con amigos.

Fuente entrevista: Evaristo Cultural